EL DIBUJO ASTRONÓMICO



Es una experiencia fascinante que nos ayuda a mejorar como observadores visuales y a conservar el recuerdo de aquello que hemos observado con perfecto detalle. Crea tu cuaderno de campo, llénalo de anotaciones, dibujos... No dejes de vivir la aventura de este viaje... un viaje al ALMA DE LA NOCHE

miércoles 18 de agosto de 2010

Maravillas del Cielo Profundo con un Dobson 16" (II Parte)

(Continuación)


Noche del 10 al 11 de julio 2010 (sábado)

Aun con el cansancio de la noche anterior en el cuerpo no puedo dejar de pensar en todo lo que pude observar con el telescopio, y eso que la noche aun no sería la buena. Hoy daban cielos completamente despejados y limpios de polvo.
Repasé los objetos que apunté y pensé en nuevos candidatos.

La noche llegó tan espléndida que pasé algún tiempo haciendo fotos de gran campo con el Samyang mientras Fernando ponía a punto el equipo de fotografía y Paco alineaba la montura, que aunque le dio algo de guerra finalmente consiguió controlarla.
A las 23h Escorpio estaba bien erguido listo para cruzar el meridiano y dejar paso a las constelaciones otoñales. El cielo era increíble. La Vía Láctea se pudo ver durante el crepúsculo con mucha facilidad.

Venus, Marte y Saturno se encontraban en el oeste alineados, el más cercano al horizonte era Venus que se encontraba justamente sobre Régulo, después Marte con su coloración anaranjada y el más separado Saturno, al que no pude evitar echar una ojeada antes de que bajara más. A la derecha del conjunto estaba la Osa Mayor, totalmente vertical, con Alkaid en todo lo alto.
Dirigí el telescopio hacia M51. ¡Qué espléndida es siempre esta galaxia! Con poco s aumentos es muy luminosa y se aprecian ambas galaxias sin problema. Con más aumentos llega a llenar el campo del ocular (8mm) y se ven ambas galaxias así como el puente que las une. Como la zona de Hércules quedaba demasiado cerca del cenit opté por disfrutar con las regiones más cómodas del centro galáctico. Me dirigí a M4 de nuevo ahora que aún estaba alto para disfrutar con el “Muro” de nuevo. Tan magnífico como lo recordaba. Contemplar los cúmulos globulares con este telescopio es algo indescriptible.

Me paré a contemplar de nuevo toda a la bóveda celeste, estaba rabiosamente cuajada de estrellas y la Vía Láctea brillaba tanto que los callejones oscuros dibujaban y perfilaban todos sus rincones con detalle. ¡Qué espectáculo! Me quedaba prendada mirando con el cuello doblado. Al este asomaba ya parte de Pegaso: el triángulo de estrellas formado por Matar, Scheat y Sadal Bari. Estaba tan oscura esa zona del cielo que no me lo pensé, apunté hacia Matar.


NGC7331 Gran Galaxia de Pegaso y NGC7335, NGC7337 y NGC7340

Esta estrella es magnífica como indicadora para localizar la galaxia NGC 7331 y el Quinteto de Stephane. A través del buscador esta estrella, junto con otras tres más, forma un curioso asterismo con forma de “Y” que sirve de guía para encontrar el camino hacia NGC 7331. Una de las dos ramas cortas de la “Y” es más larga que la otra, hay que seguir el camino partiendo de esa pata y prolongar una línea algo más de unos 4º desde Matar (pasando por la estrella antes indicada: HIP112032).
Esta es una de las galaxias descubierta por William Herschel, es curioso que Messier no la incluyera en su catálogo a pesar de ser muy brillante. Una vez localizada y centrada coloqué el ocular de 8mm. Allí estaba destacando con su brillante núcleo y su enorme cuerpo en forma de gran huso alargado. Al estar centrada en su cuerpo me di cuenta de que el botón de aviso de “bastones trabajando y enviado información” se había encendido. En un lateral de la galaxia había algunas manchas redondeadas repartidas entre algunas estrellas de campo. Esas “manchas” eran bien visibles, al menos dos de ellas sin esfuerzo, una tercera se hacía evidente con visión indirecta y resultaba tan extensa como las demás. Es curioso que el impacto visual de NGC7331 al principio comía todo el protagonismo pero precisamente gracias a su enorme estructura y su brillo te capta la atención de tal manera que te permite hacer trabajar a los bastones sin querer: entonces es cuando estas diminutas galaxias saltan a la vista. Quizá si estuvieran en una región más pobre y solitarias sería más difícil localizarlas y que destaquen.
Según el catálogo, son NGC 7335 (magnitud visual 13’6), NGC 7337 (magnitud visual 14’6) y NGC 7340 (magnitud visual 13’9). En el campo también se encontraba NGC 7336 pero ésta tenía aspecto casi estelar (era muy pequeña) probablemente fue una de las estrellas que interpreté como tal. Nunca antes las había podido ver, fue una de las sorpresas de la noche.

Quinteto de Stephane.

Buscar este famoso grupo de galaxias es muy fácil partiendo de NGC 7331.
Si tenemos la gran galaxia en el centro del campo y sus pequeñas satélites antes mencionadas a su derecha (tal cual se muestran en el ocular) veremos que el cuerpo de NGC 7331 está prácticamente en posición vertical. Partimos de la galaxia siguiendo su eje vertical hacia arriba unos 30’ hasta encontrar un triángulo isósceles de estrellas con mag 10 y 11. A la izquierda de este triángulo (nos desplazamos unos 20’ de arco) aparece un cuadrilátero abierto de estrellas (parecido a la constelación de Hércules) y en su interior encontraremos unas nebulosidades ovaladas apiñadas. El Quinteto de Stephane.
Al no haber una gran galaxia que capte nuestra atención para que nuestros bastones las detecten rápidamente éstas al principio quedan muy apagadas y discretas contra el fondo y cuesta contrastarlas pero una vez las detectamos se ven perfectamente. Las estuve contemplando con el ocular de 8mm. Es la primera vez que las veo con facilidad, al menos la nebulosidad de cuatro de ellas, NGC 7319, NGC 7320 y NGC 7318 A y B (estas dos en realidad parecían una sola de lo juntas que están). En NGC 7317 no aprecié nebulosidad, con magnitud 14 era casi puntual como una estrella. NGC 7320C queda mucho más separada del conjunto y no aprecié rastro de ella, si se considerara del conjunto sería el sexto componente y ya no sería el “Quinteto”. Estoy realmente emocionada con esta observación ¡Cuántas emociones en tan poco tiempo!

Júpiter

El majestuoso planeta ya asomaba sobre el horizonte a las 2 de la mañana. Un rápido vistazo a su disco con el ocular de 15mm mostraba la única banda ecuatorial visible y sus cuatro satélites dispuestos de forma curiosa: todos estaban en un lateral y en lugar de alineados dos de ellos presentaban una disposición vertical, uno sobre el otro. Estaba muy bajo para poder apreciar detalles así que continué con el cielo profundo.

Barnard 72. Snake Nebula

Siempre he tenido ganas de ver esta nebulosa tan esquiva en la constelación del Ofiuco.
Es una región muy densa de polvo oscuro con una clara forma en “S” que se recorta contra un fondo cuajado de estrellas.
Requiere unas buenas condiciones de cielo y cuanta más abertura mejor ya que es relativamente fina y con tantas estrellas de campo cuesta diferenciarla. Forma parte del complejo de nubes oscuras que forman la “Nebulosa del Caballo Oscuro” (muy extensa y visible a simple vista), concretamente está en la parte llamada también “Nebulosa de La Pipa”. La zona de localización estaba algo baja y un poco afectada de contaminación lumínica (poca pero localizada en esa zona). Apunté con el ocular de 40mm y tras estar recorriendo el campo y hacer varias pasadas de reloj en círculo al campo conseguí detectar la sutil silueta en forma de “S”, era débil y poco contrastada, pero ahí estaba. Me encantó saber que se puede ver y me gustaría volver a intentarlo de nuevo; aunque se que está baja desde la península en esta ocasión la única zona de CL estaba precisamente ahí así que espero poder contrastarla más.



Barnard 86. Ink Spot (Mancha de tinta)

Contemplar las regiones oscuras de Ofiuco y Sagitario es todo un espectáculo para la vista. Sobre todo con el ocular de bajos aumentos es con el que aparecen multitud de manchas oscuras que, junto con las estrellas de fondo, te atrapan y embelesan.
Apunté a gamma de Sagitario (Alnasl), el pico de la tetera por donde sale el “humo” que forma el centro galáctico. Hacia el norte encontramos la estrella W Sagittarii (como a 1º aprox. de Alnasl), damos otro salto idéntico hacia el norte (partiendo de W) y encontramos otra estrella brillante de referencia. Ya llevamos dos saltos de 1º cada uno aproximadamente hacia el norte. Queda uno más para alcanzar la estrella amarilla que está junto a B86. En cuanto alcanzamos esta estrella la reconocemos fácilmente porque está junto al cúmulo de estrellas NGC 6520 que destaca precioso con sus componentes muy apelotonadas. La mancha está justamente entre ambos objetos, es pequeñita pero de color negro muy intenso, de ahí su nombre.
Pongo más aumentos (8mm) y me centro en la estrella principal que tiene un tono amarillo increíblemente bello, intenso como el cuarzo citrino, el cúmulo que la acompaña es de un tono blanco azulado y es muy rico en componentes. La mancha es de un negro profundo y parece flotar delante de un fondo de estrellas finas como el polvo. Tiene una forma triangular con el vértice hacia abajo (según lo veo con el ocular). El conjunto es espectacular, imposible no parar a verlo.


Barnard 289, NGC 6528, NGC 6522 y región de Alnasl (gamma)

Decido retroceder hacia Alnasl para estudiar una zona que me había llamado la atención al tratar de buscar B86. Con el ocular de gran campo y centrada de nuevo en gamma sagittarii localizo los dos cúmulos globulares que se encuentran junto a ella, y que los había dejado a un lado al pasar hacia el norte. Alcanzo de nuevo W sagittarii, en el ocular tenía ahora a Alnasl arriba en la imagen, los dos cúmulos globulares hacia la parte izquierda y W sagittarii en la parte inferior de la imagen.
Algo me había llamado la atención de la zona, unas regiones oscuras paralelas que rasgaban el cielo como heridas negras y quería verlas bien. Ahí estaban de nuevo, eran tan reales como intensas. Eran muchas y parecían salir de la estrella “W”. Es fácil encontrar numerosas Barnard en la zona (B289) pero de todas las identificadas en mi atlas (usé el Millenium para campos reducidos donde aparecen las más brillantes y contrastadas) ésta en concreto no aparecía. Según anoté los trazos “negros” eran muy marcados y visibles y partían de la estrella “W” en dirección a Escorpio como líneas independientes. Las partes más intensas llenaban el campo del ocular (un grado aproximadamente) y se extendían más allá. En el Atlas Fotográfico de Barnard no aparece indicada, quizá por lo finas que son comparadas con las grandes regiones conocidas, pero ahí estaban las estrías, como las varillas de un abanico entreabierto. Me dejó fascinada esta región y la facilidad con la que podía ver estos detalles.

Descanso un poco la vista contemplando el cielo en todo su esplendor. Las regiones Barnard siempre me han atraído mucho y hay tantas repartidas por la galaxia…
Se me va la vista a la nube estelar M24, a simple vista era un enorme grumo de luz inmerso en la zona brillante de nuestra galaxia. Recordé que dentro de la nube se encuentran algunas Barnard interesantes y como es un objeto muy extenso decido acercarme a los prismáticos para echarle un vistazo.

Barnard 93, 92 y 304 en la nube estelar M24.

Es muy fácil llegar a ella. Nada más apuntar a la nube salta a la vista B92, la zona más oscura de todas. Es muy intensa y redondeada, se la conoce con el nombre de “Black Hole” y está cerca del centro de la nube. Junto a ella (a la izquierda) está también B93, algo más pequeña y alargada verticalmente pero también reconocible por su “negrura”.
Desde B92 se aprecia una zona oscura que se extiende hacia abajo y acaba dividiendo la nube en dos caminos diferenciados pero menos intensos: es B304. Volví a dejar centradas las dos nubes más negras (92 y 93) para que Paco las contemplara sin dificultad. Ambas regiones compartían protagonismo en el campo de los prismáticos, enseguida se dio cuenta de que B92 se extendía y siguió el camino de oscuridad que descendía y lo centró algo más abajo dejando B93 cerca del borde superior: apareció B304 con sus dos ramas. Me llamó para confirmarme que veía ambos caminos y que le parecía la forma de un hombre con B92 como la cabeza y B304 como las piernas. Le dije: “ya lo creo, a mi me recuerda a Tony Manero bailando”… con la famosa pose levantando un brazo… ¿no lo ves? Nos reímos mucho, la verdad. Reconozco que la visita a M24 ha sido muy gratificante, estas Barnard se aprecian muy bien a bajos aumentos y con estos prismáticos hemos alucinado.

M20, Nebulosa Trífida (NGC 6514)

Volví al telescopio y apunté hacia la nebulosa antes de que comenzara a bajar demasiado. La centré bien en el ocular y apunté directamente con el ocular de 8mm para ver qué sorpresas me daba y ya lo creo que me sorprendió. Llenaba todo el campo con su presencia y tenía que desplazarme para ver la parte de la nube que la acompaña y que no entraba en el campo (la parte que sale azulada en las fotos). Ésta aparecía después de cruzar una bahía oscura, como un río ancho. Los canales negros que dan nombre a la nube redondeada y que la rompen en tres lóbulos se veían con tanto detalle que me parecía imposible. Esta es la Trífida y en fotos sale de un tono rosáceo muy intenso, la otra parte de la nube (la azulada) queda separada por una “bahía” de oscuridad más sutil pero bien visible y contiene una estrella muy luminosa en su interior. Esta bahía es ligeramente curva, convexa según la perspectiva con la que aparecía al ocular, quedando sobre ella la estructura Trífida antes mencionada. Realicé un boceto a pie de telescopio mostrando las ondulaciones de las dos nubes separadas por la bahía así como las canalizaciones de un negro más intenso del interior de la Trífida que estaba inmediatamente más arriba.




Pero lo más espectacular eran las estructuras negras del interior de la principal. Comenzaba un surco vertical, corto y ancho, que enseguida se bifurcaba en dos nuevos canales a ambos lados que descendían. A la derecha se doblaba fuertemente, y según bajaba se ensanchaba y aparecía acompañado de multitud de estrellas para acabar elevándose de nuevo, aunque aquí ya se perdía y difuminaba. En el mismo lugar donde doblaba localicé la mayoría de las estrellas más brillantes, concretamente dos de ellas que dominaban el lóbulo derecho que quedaba inmediatamente encima. El canal que se desviaba a la izquierda bajaba también inclinado, éste es el que muestra la mayor intensidad de negro de todos los surcos de la imagen. Curiosamente éste tenía dos estructuras abultadas que destacaban y se adentraban en el lóbulo izquierdo, como dos montículos. Inmediatamente después de estos el canal se bifurcaba de nuevo en dos ramas también negras, una se desviaba casi horizontalmente a la izquierda y el otro bajaba verticalmente pero desaparecía enseguida como un callejón sin salida, quedando así delimitado el lóbulo inferior con algunas estrellas en su interior. Este lóbulo era el más grande. Seguí contemplando M20 pero veía más detalles de los que podía anotar y registrar, y pensé que para ciertas descripciones sería mejor llevar una grabadora. Dejé descansar la vista mirando de nuevo al infinito. ¡Cuántas sensaciones! Después de un rato volví a la carga.

Vi que Sagitario estaba ya muy bajo y miré hacia el Este para cambiar a otro objeto. La Galaxia de Andrómeda destacaba intensamente en el cielo a simple vista. Recordé que hay por la zona una galaxia fascinante y que podría ser interesante echarle un vistazo, quizá una de las mejores galaxias espirales vistas de canto: NGC 891.


NGC 891 (Caldwell 23)

Me dirijo hacia Almach (gamma de Andrómeda) la estrella que está en el extremo izquierdo de la constelación, cerca de Perseo. Partiendo de ella voy en dirección a M34 (llamado Spiral Cluster) y calculo aproximadamente la distancia entre la estrella y el cúmulo en el buscador. A mitad de camino exactamente está la galaxia (unos 3º 30 minutos de arco).
Con el ocular de 40mm ya se aprecia alargada y débil, pero no hay duda en absoluto de su situación. La centro bien y paso directamente al ocular de 8mm. ¡Impresionante! Ocupa todo el campo del ocular. No tengo palabras para describir las emociones contemplando esta galaxia. Había detalles que me dejaron boquiabierta, como la enorme banda oscura que la partía por el ecuador, podía verla sin casi sin necesidad de intuirla indirectamente, aunque con esta técnica mejoraba sobremanera y ayudaba a ver grumos dentro de la región oscuro. Su forma de huso era perfecta, estilizada, con el núcleo algo más ancho mientras que según te acercabas a los extremos éstos se volvían gradualmente más finos y estrechos hasta desaparecer. La banda de polvo oscura prácticamente la cruzaba de lado a lado. Había dos estrellas en el campo que me llamaban la atención: una en un lateral destacaba por debajo de la línea de polvo y la otra estaba en el extremo opuesto y parecía marcar el final de la banda oscura, como inmersa en ella. ¡Qué sensacional! Se me escaparon varias exclamaciones que no podía contener dentro, aún recordándolo se me pone la piel de gallina. Y es que me resulta tan difícil no emocionarme ante semejante belleza… es tan intenso que a veces sientes casi ganas de llorar, quizá parezca exagerado al tratar de describirlo pero es una sensación parecida solo que de una felicidad intensa. Entonces sonríes, respiras hondo y miras al infinito… tratando de ver con claridad las estrellas a través de la avalancha de agua que llega a los ojos… Me gusta tanto la Astronomía…

Paco me llama para que mire una estrella doble que le gusta mucho y que está a punto de ocultarse tras el horizonte Oeste: 95 Herculis.
Es un sistema binario cuyas componentes orbitan entre sí con un periodo de más de 11.000 años y visualmente están separadas 6.3 segundos de arco (wikipedia). Con el ocular de 8mm en el telescopio de Paco (Magda) se separaban perfectamente con un intenso color azul y oro claro.

Después llegó el turno de NGC6765, una nebulosa planetaria en la Lyra que propuso Paco para observar. Yo la busqué con los mapas, el campo era fácil de localizar: a medio camino entre Albireo y Sulafat (gamma de Lyra). Pero no llegamos a detectar rastro de nebulosidad evidente, tan solo muchas estrellas de campo. Con visión indirecta me pareció detectar una pequeña mancha sin forma pero muy débil entre un campo rico en estrellas. Me resulta difícil describir lo que vi ya que era demasiado pequeño y amorfo.

Observamos el planeta Urano, que ya estaba bien alto y muy cerca de Júpiter: ambos estaban separados dos grados y medio aproximadamente. Con Magda se veía un precioso disco de color azul aguamarina. Fui al Dobson con idea de apuntarle con él y vi a Júpiter que estaba a la misma altura que el Triángulo… me quedé mirándolo y me disparó rápidamente un pensamiento: M33. No pude resistirme, las galaxias son una debilidad.


M33. Galaxia del Triángulo

Deslicé el telescopio hasta que vi la mancha borrosa y extensa aparecer en el buscador. Se veía con una claridad asombrosa para lo extensa y débil que es, vamos que no tuve ninguna duda y apunté directamente. Con el ocular de 40mm destacaba en primer lugar el núcleo, brillaba bastante y tenía un aspecto algo alargado. Lo siguiente que destacaban eran los dos brazos, salían del núcleo como dos arcos curvados en direcciones opuestas. La imagen era espectacular, nunca la había visto tan bien. Dentro de uno de los arcos y hacia su extremo destacaba como un grumo luminoso NGC604.
Es la región de formación estelar (región HII) más famosa de la galaxia y se apreciaba sin dificultad como una condensación en la nube, bastante intensa. Pasé al ocular de 8mm y no cabía entera. El núcleo destacaba mucho en el campo así como los dos brazos principales. Cerca del núcleo y hacia un lateral había una estrella muy brillante, algunas más la acompañaban a ésta pero menos intensas. Hacia el otro lateral del núcleo había una tríada de estrellas alineadas de la misma manera que el Cinturón de Orión, todas tenían un brillo semejante. Siguiendo la línea de éstas se encontraban otras tres estrellas pero en formación de triángulo, no alineadas. Cuanto más me fijaba en la imagen más estrellas de campo aparecían en el cuerpo de la galaxia, tantas que era difícil contarlas, no solo cerca del núcleo sino dispersas por los brazos y entre éstos.
Siguiendo la línea del brazo desde donde se encuentra ubicada la región HII antes mencionada (NGC 604) y recorriéndolo desde ésta hacia el interior de la galaxia destaca otra región de nacimiento de estrellas bien visible aunque más pequeña: NGC 595. Es menos llamativa que NGC 604 pero se aprecia bien con visión indirecta. Si en este brazo destacan estas dos regiones HII en el otro brazo me encuentro con algo sorprendente. Aunque el brazo es muy extenso, la parte de éste donde hace la curva tiene una mayor concentración de nube, es como si aquí fuera más densa y luminosa la galaxia, no brilla como NGC604 pero sí es más grande y extensa la zona. Esta región está catalogada con varios números IC, concretamente la zona que vi corresponde con las regiones del brazo IC 137, 139 y 140.



A estas horas de la noche ya estaba bastante cansada pero seguía tan entusiasmada que no quería dejar de mirar, el conjunto mostraba tanto detalle que hubiera estado horas mirándola, pero dejé descansar la vista y disfruté con lo que me llevaba en la mente y en los apuntes.

La noche avanzaba muy deprisa y el crepúsculo astronómico comenzaba a despuntar en el horizonte. Estaba disfrutando muchísimo de la noche pero lo cierto es que el cansancio ya pasaba factura. Le di un vistazo al Fantasma de Mirach (NGC 404) con el ocular de 8mm. Esta tenue y escurridiza galaxia lenticular está tan cerca de la estrella del mismo nombre (aparentemente) que queda oculta por su brillo. Mirach es la segunda estrella en brillo de la constelación de Andrómeda y para ver la galaxia hay que desplazar la estrella de la imagen sacándola del campo de visión solo lo justo para verla aparecer. Se apreciaba perfectamente su forma ovalada y difusa, aunque presentaba un aumento de brillo hacia su interior (degradado) hasta alcanzar casi un aspecto estelar.
También apunté a la Galaxia de Cetus NGC 253. Con el ocular de 40mm se veía perfectamente su forma de huso aunque pequeña y con el de 8mm se apreciaba mejor su hermosa estructura así como numerosas estrellas de campo. El cielo ya clareaba y no queríamos dejar de ver objetos. El Cisne había cruzado ya el meridiano hacía rato y no quisimos despedir el cielo profundo sin asomarnos a Los Velos.
Apunté al Velo Oeste, la Escoba de Bruja, como siempre muy hermosa y especial. Una parte muestra dos líneas muy finas paralelas e intensas que acaban cruzándose sobre sí misma. Después apuntamos al Velo Este para ver la zona llena de barras pero ya costaba verlas con ese detalle, se veía un continuo. Paramos en este punto. El cielo estaba tomando ese color azul profundo del amanecer que tanto me gusta, Capella destacaba sobre el horizonte junto a Las Pléyades. Júpiter estaba tan alto y brillaba tanto que pensamos echarle un último vistazo con ambos equipos antes de comenzar a recoger. Nos acercábamos a las 6 de la mañana.
De Júpiter lo primero que destaca es “la Banda Ecuatorial”, comienzo a recorrer el disco disfrutando de sus tonalidades y buscando estructuras internas. La única banda ecuatorial que se ve es muy intensa, curiosamente no se ve lineal sino que es “ondulante” como si el borde no fuera uniforme y lo hubiera dibujado una mano con poco pulso. Este primer detalle no está nada mal. Seguí disfrutando con la vista. Dentro de la banda ecuatorial aparecían dos óvalos blancos, bien definidos y destacados en el límite inferior de ésta (colindando con las regiones tropicales). Más abajo de estos óvalos el planeta mostraba múltiples bandas paralelas muy finas de un tono marrón neutro hasta la región polar. Volviendo a la banda ecuatorial, como comentaba ésta se muestra algo irregular, sobre todo por la parte superior que está cercana al ecuador. Es como si por algunas partes de ella se quisiera desgarrar desprendiendo jirones, por usar un símil diría que es como cuando dibujamos las olas del mar salpicando pero de forma más suave. Su color es el que más destaca con un tono muy rojizo, quizá por contraste ya que por encima de ésta se abre ahora una región vacía muy clara casi blanquecina (antes se localizaba aquí la otra banda ecuatorial). Por encima de esta zona tan clara, más allá de la región tropical y cerca del otro polo, comienza una región de un color marrón claro uniforme, aquí no aprecio bandas paralelas como en la cercanía del otro polo.

Y con esto ya decidí aparcar el telescopio y descansar para ponerme a recoger el equipo. No sin antes deleitarme en silencio con la contemplación del crepúsculo que anunciaba la llegada del Sol y el nuevo día. La Osa Mayor se bañaba en septentrión mientras una finísima luna menguante asomaba tímida junto a Aldebarán cuyo imponente brillo anunciaba la llegada de Orión. Pero la luz del alba acabó por llegar antes y fue apagando las estrellas despacio… entonces escuché una voz dentro de mi: “hasta pronto…” Así me despedí del cielo con la ilusión de volver a encontrarme con él.

Guardamos los equipos en los coches dejándolos listos para el viaje de vuelta.
Esta noche dormí profundamente.

Leonor Ana Hernández.

Las actividades por el día también fueron intensas, si ha sobrevivido a ésta y te apetece conocer un poco más sobre aquellas montañas, su naturaleza y sus gentes no dejes de visitar la CRONICA DIURNA que he subido a Astronómadas (accede al link), hay muchas fotos y cuento nuestras vivencias en general.

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